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Muyil Ciudad Maya Arqueología y Lagunas
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Acerca de Muyil

Se desconoce el nombre original del sitio. Muyil es el nombre con que se conoce desde la época Colonial, a una de las lagunas adyacentes al sitio. También se le conoce como Chunyaxché.

Importancia cultural

Es un asentamiento que por su posición geográfica mantuvo una larga continuidad ocupacional. Las primeras evidencias materiales corresponden al Preclásico tardío (300 – 50 a.C.), cuando habría tenido vínculos con asentamientos del norte de Belice y sur de Quintana Roo, relación que se rompe hacia el Clásico tardío, cuando se fortalece su relación con el interior de la Península de Yucatán y tiene un importante crecimiento demográfico, que se relaciona a la construcción de algunos de los edificios que se conservan actualmente.

Para el Clásico temprano (250 – 600 d.C.), Muyil era ya una importante ciudad en la que se construyeron importantes edificios de estilo Petén, como El Castillo y los tres basamentos del Grupo de la Entrada.

Por su ubicación estratégica, hacia el Posclásico temprano (1000 – 1200 d.C.), mantuvo algunos contactos, con Chichén Itzá primero, y con Mayapán después.

En el Postclásico tardío (1200 – 1450 d.C.), se construyeron la mayoría de los edificios conocidos, y cuando la ciudad cobró gran importancia al insertarse en las redes comerciales costeras de la Península.

Pocos son los sitios prehispánicos de México en los que además de poder admirar sus antiguos templos también se puede disfrutar de un entorno natural singular, en el que se combinan la exuberante vegetación y el azul turquesa del Mar Caribe. Tal es el caso de la Zona Arqueológica de Muyil, antigua ciudad maya que se ubica a tan sólo 20 minutos de Tulum y a hora y media de Cancún.

Se trata de uno de los 20 sitios arqueológicos más importantes por su tamaño y cantidad de vestigios arquitectónicos, detectados dentro de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka´an, en el estado de Quintana Roo, y que resulta muy atractivo visitar en estas vacaciones de Semana Santa.

Muyil, cuyo nombre procede del vocativo de una de las dos lagunas adyacentes (Muyil y Chunyaxché), representa uno de los sitios ambientalmente mejor conservados de la reserva protegida, hecho que lo hace un lugar atractivo para los interesados en conocer nuestra historia y convivir con la naturaleza.

El recorrido por el asentamiento maya —que alcanzó su mayor desarrollo en el Posclásico Tardío (1200/1250 al momento del contacto con los españoles 1500-1521)— inicia en el área conocida como Grupo de la Entrada, donde se observa el primer conjunto de construcciones como basamentos piramidales, templos, altares y plataformas.

Aquí llama la atención el pequeño edificio denominado por los arqueólogos como Estructura 7H3, que consiste en un templo doble con un adoratorio interior y en el que a pesar de tener más de 750 años de antigüedad, aún se pueden ver restos de estuco y pintura mural con tonalidades en rojo, negro y el característico azul maya.

Al seguir adentrándose por las veredas rodeadas de la abundante vegetación selvática, el asombro llega en el momento en que uno se topa con un templo de 17 metros de altura conocido como El Castillo y en cuya cima tiene un templo que asemeja a una torreta, lo que lo convierten en una estructura atípica para la región.

“Es la estructura de mayor importancia y altura en Muyil, cuyo edificio que está en la cúspide es de forma circular. No se sabe con exactitud cual fue su función, posiblemente se erigió para representar a la ceiba, el árbol sagrado de los antiguos mayas y cuyo tronco tiene espinas. Esta especie de torreta contaba con piedras salientes y que pudieron haber representado las púas de ese árbol”, comenta Carmen Trejo Alvarado, arqueóloga del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), en Quintana Roo.

El Castillo cuenta con dos altares, en uno de los cuales en 2002, arqueólogos del INAH encontraron una ofrenda consistente en pequeñas cuentas pero en gran cantidad, hechas en piedra verde, concha y caracol. “Este hallazgo ha sido relevante si tomamos en cuenta que por la humedad de la región no es posible encontrar restos de esqueletos que nos pudieran aportar datos sobre los antiguos habitantes de este sitio”, refiere la investigadora.

Otro de los elementos que hace obligada la contemplación de este antiguo edificio maya es un friso estucado que se encuentra en la parte de atrás, que contiene la representación en relieve de dos garzas caminando en sentido opuesto.

El siguiente paraje en la visita por Muyil se da en el denominado Templo 8, una construcción que descansa sobre un basamento piramidal de 20 por 15 metros, y que cuenta con dos accesos. “El espacio está delimitado por una albarrada de poca altura, esto indicaba que era un espacio de acceso restringido como fue el caso de sacerdotes”, refiere la arqueóloga Trejo.

Esta pequeña edificación es uno de los tantos ejemplos del estilo arquitectónico que se desarrolló en la región entre los años 1200 – 1500, denominado Costa Oriental y que consistió en estructuras con techo abovedado, accesos formado por columnas o pilares, y en ocasiones contaban con adoratorio interior.

Durante los trabajos de restauración del Templo 8, los especialistas del INAH dejaron a la vista una subestructura y una escalera que hay al interior del mismo, con la finalidad de que el público pueda apreciar la parte nuclear de un edificio prehispánico.

Si se sigue avanzando por el sendero se podrá observar que al centro de los conjuntos arquitectónicos sobresalen plataformas cívicas cuadradas con una escalera de cada lado, en alusión a los cuatro puntos cardinales, y por las cuales subían los personajes de alto rango para dar algún mensaje a la población.

De acuerdo con la arqueóloga Carmen Trejo, en la época prehispánica Muyil jugó un papel importante en la ruta comercial costera, pues si bien se ubica a escasos 12 kilómetros del Mar Caribe, su actividad económica se desarrolló por medio del par de lagunas colindantes.

“Como el sitio está tierra adentro, su conexión con el Caribe se dio a través de las dos lagunas, lo que permitía el acceso y salida de mercancías, participando así en la red de distribución con otros pueblos”, explica.

Por otra parte, desde 1986, año en que se decretó a la Reserva de la Biosfera de Sian Ka´an, el INAH y las autoridades ambientales han mantenido un trabajo conjunto tendiente a la protección y preservación del ecosistema, incluida la zona arqueológica, toda vez que ambos elementos representan un binomio, donde la naturaleza es parte de la belleza del sitio prehispánico y viceversa.

La visita a Muyil no podría concluir sin antes ir a la laguna que da nombre a la zona arqueológica y que se ubica a tan sólo un kilómetro de distancia. Ahí, se cuenta con un mirador al cual se puede subir y se tiene una vista panorámica de la laguna y su conexión con el Mar Caribe.

Es un espectáculo natural, donde el agua tranquila y transparente de la laguna de Muyil, se une con la del fuerte y azulado oleaje del mar abierto. También hay un embarcadero en el que los pobladores ofrecen paseos en lancha y que no hay que dejar de disfrutar.